Guillermo del Toro lleva décadas intentando filmar Frankenstein. No se conforma con la versión clásica de James Whale ni con el enfoque operístico de Kenneth Branagh. Le interesa otro camino: explorar cómo se filma el nacimiento de un ser que todavía no sabe si existe. Del Toro no busca un monstruo, busca un personaje.
Su propuesta visual se aleja del laboratorio brillante propio del cine de terror tradicional. La habitación donde la criatura abre los ojos tiene aspecto improvisado, casi doméstico. Hay herramientas oxidadas, telas, cuadernos, vidrios empañados. Nada parece preparado para un acontecimiento científico, pero todo sugiere que la vida puede empezar de forma accidentada.
Del Toro utiliza colores apagados y una luz que se filtra lateralmente, como si no quisiera desvelarlo todo desde el principio. La criatura no es presentada como amenaza. Tampoco como víctima. Surge como alguien que intenta comprender qué hace allí. La cámara lo acompaña con movimientos suaves, respetuosos. En ocasiones lo filma desde un ángulo ligeramente bajo, lo que provoca una sensación ambigua: tiene aspecto imponente, aunque camina con una fragilidad difícil de encajar.
El sonido se construye con pequeños ruidos ambientales: respiraciones, pasos, roces, silencio no del todo mudo. Todo eso genera una tensión contenida. No es una película de sobresaltos. Prefiere la incomodidad silenciosa. Del Toro dedica tiempo a los gestos mínimos: una mano que duda antes de tocar un objeto, un rostro que intenta reconocerse.
La narración no idealiza al científico ni a su criatura. Victor Frankenstein aparece más como un creador irresponsable que como visionario trágico. La criatura asume su existencia desde el desconcierto, no desde el resentimiento. El conflicto principal no es moral ni metafísico. Es práctico. ¿Qué lugar puede tener alguien que no fue previsto?
Del Toro no convierte la historia en una fábula reflexiva ni en una tragedia romántica. Su interés está en cómo se mueve, cómo mira, cómo aprende a estar de pie. Esa es la dimensión humana que le interesa destacar.
Muchos directores han filmado al monstruo. Del Toro intenta filmar al primer espectador de su propia vida.




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